
Mi vista de la noria de agua.
Porque la vida es una gran novela de la que a veces hay que leer entre líneas, verle la cara a través de una fotografía, o escuchar los gritos de la naturaleza que nos habla...
Como aquellas muñecas de trapo que de niños aprendimos a tejer y rellenábamos de arena para darle forma, volumen...vida. Representación física del alma intangible que nos ocupa y nos llena.
Érase una vez un chaval que andando por las rocas de una playa se percató de que se le había roto una chancla (o esclava, o zapatilla), y por no andar como cenicienta coja que sale huyendo dejando precioso calzado atrás, ni corto ni perezoso, deja también en el abandono su chancla izquierda (supongo que por algún motivo sentimental hacia su zapatilla derecha, que no podía quedarse sola con los tiempos que corren, claro está).
SONETO AL RELOX DE GUÍA
"Miles de almas esperan entrar al reinado de Plutón. Los tres jueces: Minos, Éaco y Radamanto juzgarán sus actos, y éstas sufrirán estoicamente el castigo que les será impuesto.
(Foto publicada también en www.pentaxeros.com)


... y al caracol le dijeron en lenguaje canarión: "Jíncate un tuno"...
Uno de los escenarios de mi infancia: La Casa de los Quintana. Lugar por el que tantas veces he pasado. Testigo de numerosas historias, unas buenas y otras no tanto. Aguanta estoicamente el paso del tiempo: vio el kiosko de la música, protagonista de tantos conciertos dados por la sempiterna Banda Municipal; el kiosko de las golosinas, en el que se acumulaban rebaños indómitos de niños en busca del chicle Bazoka, que se estira y explota; el "teje"...¿quién no se acuerda?. Pared de apoyo a todas las patinadoras de la época que nos aventurábamos a salir de la Plaza Grande...algunas llegábamos a San Roque o incluso al Barranco, y nunca me caí, curioso...y ahí sigue, mirando a todo aquél que llega al casco histórico del pueblo; viendo año tras año romerías, verbenas, carnavales...incluso no viendo a nadie, simplemente las palomas que bajan de las torres de la iglesia a beber el agua que se acumula en las juntas de los adoquines. Ahí seguirá, por los siglos de los siglos, como escenario necesario que conforma la imagen de un pueblo...mi pueblo natal...Guía, claro."Cuando la tarde languidece, renacen las sombras,
y en la quietud los cafetales vuelven a sentir...
es la triste canción de amor de la vieja molienda,
que en el letargo de la noche parece decir:
Una pena de amor y una tristeza,
lleva el zampo Manuel en su amargura...
pasa incansable la noche moliendo café".
Mi villa marinera de adopción, con preciosas tardes y el más rico café...mmmm.